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Del anarcosindicalismo a la autogestión: propuestas ante la crisis en clave revolucionaria. Viento Sur nº 112

Como parte del monográfico que la revista Viento Sur en su número 112 de octubre de 2010 ha dedicado al tema de En el corazón de la crisis: análisis y alternativas, se pidió al ICEA una contribución en forma de artículo que tratase la cuestión de las medidas que desde el Instituto se han propuesto para luchar contra las consecuencias de la situación económica para la clase trabajadora. Ese artículo, que lleva por título “Del anarcosindicalismo a la autogestión: propuestas ante la crisis en clave revolucionaria” presentaba un esquema conceptual conjugando teoría y acción y tratando de resumir el conjunto de propuestas sobre las que se trabaja desde ICEA. La versión impresa puede descargarse en formato PDF desde aquí.
Dado que por razones de espacio tuvimos que recortar la extensión de nuestro artículo original ofrecemos a continuación la versión íntegra que habíamos redactado.

Del anarcosindicalismo a la autogestión: propuestas ante la crisis en clave revolucionaria.

Lluís Rodríguez, Endika Alabort, Luis Buendía y Salvador Comendador*.
La situación es crítica. En todas partes se está traspasando una vez más el elevado coste de la crisis capitalista a los trabajadores, eliminando de un plumazo sus conquistas históricas o introduciendo reformas que afectan a sus condiciones de vida inmediatas y a futuro, y el paro vuelve a alcanzar magnitudes que son un claro revés para la clase trabajadora. Al mismo tiempo, las organizaciones que teóricamente defienden los intereses de los trabajadores carecen de representatividad y de influencia, y los grandes sindicatos han hecho de la capitulación permanente su razón de ser tras años de firmas que han hecho de la regresión social la tendencia institucionalizada de las condiciones de vida de la mayoría de la población. Deviene urgente, por lo tanto, trazar propuestas en dos frentes simultáneamente, trabajando en la elaboración de iniciativas que sirvan lo mismo para defenderse de la ofensiva orquestada por el capital para restaurar su rentabilidad perdida, como para fortalecer a las organizaciones de las que, de forma autónoma, se han dotado los trabajadores para defender sus intereses. Todo ello sin perder la perspectiva, sin olvidarse de que la única salida de la crisis que genuinamente puede reivindicarse como favorable para los trabajadores es una transformación social profunda, es decir, una salida que deje atrás a la vez las crisis y el capitalismo que las engendra.

En defensa de la huelga: anarcosindicalismo y la economía política de la huelga general

Pinceladas de autogestión

Hoy jueves 29 de marzo de 2012 las organizaciones sindicales del estado español, entre ellas también la CNT, han convocado una huelga general de 24 horas para exigir al gobierno la derogación de la contrarreforma laboral (Real Decreto 3/2012 de 10 de Febrero). Esta contrarreforma va a suponer destruir las pocas garantías que tenemos los trabajadores y trabajadoras para no ser explotados salvajemente en los mercados de trabajo capitalistas. Pero no se convoca huelga general solamente por este motivo. 

Las “medidas anticrisis” que aplica este y el anterior gobierno PSOE, no són más que un planificado robo y expolio a las clases trabajadoras desde los aparatos del Estado para entregar ese botín a empresarios y banqueros. Dicho asi puede parecer chocante y alguno se atrevería a decir poco riguroso empíricamente, pero, ¿a quién benefician las contrarreformas en los mercados de trabajo? Evidentemtente a los empresarios, puesto que sirven para facilitar el despido, debilitar el poder laboral y posteriormente reducir los salarios a costa del incremento de beneficios empresariales. Los datos del INE són demoledores: el peso de los salarios ha pasado de representar el 53% del PIB a principios de los 80, frente al 41% de los beneficios empresariales, a solamente el 46% del PIB en 2011 frente al 46’2% de los beneficios empresariales, superando ya los beneficios a los salarios. Es decir, una gran mayoría de la población cada vez recibe menos mientras una minoria de empresarios y banqueros cada vez se enriquecen más. Por supuesto que la patronal paga a los políticos los servicios prestados con suntuosos cargos en multiples empresas. ¿Alguien duda que con menor inversión pública incrementará el paro? ¿a quién beneficia el paro masivo? Otra vez a la brutal y violenta disciplina patronal. Pero no solamente este robo y expolio promueve el Estado capitalista en su fase neoliberal, ¿quién está pagando los intereses de la deuda pública a la banca? Si bajan los impuestos a los ricos -que por cierto con ello pueden comprar deuda pública- y suben el IVA a los trabajadores la respuesta es evidente, los intereses a la banca los pagan los trabajadores con sus impuestos, interesante redistribución que hace el Estado; ¿qué són sino las reformas de pensiones? Cuando los ingresos provienen exclusivamente de las cotizaciones de trabajadores al sistema estatal de Seguridad Social y el gasto social que proviene de esas cotizaciones es recortado impunemente ¿a quien beneficia ese recorte? De nuevo el capital financiero con la disminución del gasto público para asegurarse el cobro de intereses por la deuda, y con el efecto privatizador de las pensiones que supone este recorte que deja la pensión pública en la miseria -incremento de pensiones privadas que acaban gestionando los bancos-. Lo mismo podríamos decir de la sanidad o la educación, servicios sociales que són provisionados gracias al pago de impuestos de la mayoría de los trabajadores y trabajadoras, no de los impuestos de los empresarios. Los empresarios pagan un minoría de los impuestos, cuando también són los que más defraudan.

 

Medios de comunicación de masas como portavoces de la patronal.

 

El discurso antisindical y antihuelga es abrumador en los medios de comunicación de masas. La voz de los dirigentes políticos y patronales es cuasi-monolítica y hegemónica en los medios: “la huelga del 29 de marzo no tiene sentido”; “es necesario que todo el mundo aporte su grano de arena para salir de la crisis”; “Se trata de una huelga inútil y costosa por el perjuicio que supone para el erario, para el prestigio de España en el extranjero, para los ingresos de los microempresarios y de los mismos asalariados”; “La gente no quiere una huelga, sino un trabajo”; “no está claro que los españoles estén dispuestos a una huelga”; “la huelga es innecesaria y no es el momento de plantearla”, “es una huelga política”. Alguno del PP afirma que la huelga “generará más paro”, otro de la patronal dice que “muchas personas pasan por una situación muy crítica, lo que obliga a arrimar el hombro y ser optimistas”.

 

El mensaje que transmiten los medios y los tertulianos como altavoces de la patronal es claro: los trabajadores no deberían secundar la huelga, las huelgas son malas en sí mismas y deberían evitarse. En general, los medios de comunicación sirven como un mecanismo para debilitar las huelgas, porque al fin y al cabo comparten los mismos valores que los empresarios, no en vano son empresas. Los medios de comunicación vehículan hegemonicamente insultos a la inteligencia de todos nosotros: ¿qué es eso de arrimar el hombro y ser optimistas? Pagad impuestos y dejad de explotarnos económicamente a los trabajadores -también como consumidores-, ladrones; ¿que la huelga generará más paro? No aprobeís leyes que faciliten el despido, cínicos.

 

Cabe preguntarse porqué tanta agresividad contra las huelgas si realmente “no tienen sentido”, “són innecesarias” e “inútiles”. La respuesta es evidente. Tienen mucho miedo.

 

Frente a los discursos de la debilidad obrera, que solo refuerzan esa debilidad en nuestro imaginario, es preciso evidenciar que los trabajadores y trabajadoras tenemos mucho poder. Con la huelga tenemos la capacidad de cesar el trabajo, de suspender totalmente y con efecto multiplicador la capacidad de generar riqueza que nosotros mismos producimos. Con la huelga tenemos la capacidad de parar la economía e inflingir cuantiosos daños a los beneficios empresariales y a sus privilegios, daños muy superiores a los que nos inflingen a nosotros. Tenemos también la capacidad de forzar el cierre de una empresa y desalojar expropiando a los empresarios para cooperativizarla nosotros. La huelga da pánico a los capitalistas y sus servidores. El miedo debe huir de nosotros para trasladarselo a ellos.

 

Patronal, leyes y Estado. En defensa de la huelga

 

La huelga y sus herramientas complementarias como són los piquetes, el boicot y el sabotaje són la principal expresión de la acción directa de los trabajadores. Es por ello, porqué supone la expresión del poder real de los trabajadores, que se limita, prohibe y castiga. El Estado y la judicatura tienen un papel fundamental de contención y represión del conflicto sociolaboral. Són herramientas de defensa de los empresarios ante la acción sindical derivada de la explotación empresarial, el paro y la pobreza.

 

La huelga tiene una expresión rica y multiforme. La huelga de celo con ejecución minuciosa y reglamentaria del trabajo, la huelga intermitente que altera horas de trabajo y huelga a lo largo del día y a lo largo de la semana, la huelga rotatoria realizada en diferentes sectores de una empresa o de actividad económica en un ámbito geográfico, alternando los días de cese de actividad, la huelga escalonada cuando las actividades són paralizadas progresivamente unas después de otras, la huelga estratégica que afecta a sectores básicos y estratégicos de la empresa o del sistema económico que comunica sus efectos en cadena, la huelga salvaje sin preaviso ni autorización, la huelga solidaria en apoyo a reivindicaciones de trabajadores de otras empresas. Todo esto es la huelga, todo esto está limitado o prohibido y castigado. Todo esto es lo que hay que aplicar con inteligencia y con convicción de su legitimidad.

 

¿Los gobiernos europeos quieren hacer reformas? ¿quereis desrregular? Pues quitad el corsé legal y represivo a la huelga si os atreveis. Dejad al desnudo el poder laboral y comprobaremos la utilidad o no de las huelgas.

 

¿Qué hay del coste que tienen las huelgas para la economía y los trabajadores?

 

Dentro de los discursos patronales antihuelga se encuentra uno muy acorde con el corporativismo fascista: con la huelga perdemos todos. Hablar de la economía política de la huelga y su coste, nos obliga a hacer una primera precisión. La economia no es “el interés general”, aunque lo pueda parecer, sino fundamentalmente un sistema de producción-consumo injusto, ineficiente y antidemocrático, el capitalismo, donde el trabajo asalariado produce y los beneficios de ese trabajo están jerarquizados concentrándose en las cúpulas dirigentes, tanto de las empresas como de ciertos sectores económicos como el bancario. Por lo tanto es incierto que cuando hablamos de coste de una huelga todos perdemos por igual: algunos, los empresarios, pierden muchísimo más que otros, los trabajadores.

 

Cuando los medios apuntan el daño que provoca a la economía una huelga general siempre se trata en términos del Producto Interior Bruto. Para el caso de la huelga del 29 de septiembre de 2010, la patronal CEOE calculó que un paro del 100% de los trabajadores supondría una caída del 0’4% del PIB (4200 millones de euros). Estas cifras habría que contrastarlas con todos los elementos en juego puesto que probablemente el impacto fuese mayor. Pues bien, haciendo un ejercicio simple de análisis de este agregado macroeconómico podremos comprobar que en la huelga cae principalmente el consumo, las exportaciones y las importaciones, siendo menos sensible (por este orden) el gasto público y la inversión. Por lo tanto es evidente que afecta más directamente a las empresas en términos de disminución de consumo familiar, consumo entre empresas, asi como las exportaciones. En el caso de las importaciones, su caída en una huelga provoca el efecto estadístico de compensación y por lo tanto de trasladar menor impacto para la economía española. Visto esto desde la perspectiva de la distribución funcional de la renta, veríamos que la caída de la parte salarial que incluye las cotizaciones a la seguridad social es menor que la caída del beneficio bruto empresarial. Ya una estimación realizada por un periódico en junio de 2010 evidenciaba que con un paro del 100%, la caída del PIB sería de 4799 millones de euros, mientras que la pérdida de salarios (1346 millones de euros) y cotizaciones a la seguridad social (385’7 millones de euros) supondrian, operando nosotros, que la caída del beneficio bruto empresarial rondaria los 3067’3 millones de euros, es decir que en este caso el impacto económico de la huelga general recaería aproximadamente en un 35’% en los salarios y cotizaciones, y en un 59% en las rentas del capital. Podemos concluir y entender con todo lo argumentado hasta aqui, porqué la patronal y sus servidores tienen miedo a las huelgas. Es evidente que el coste de esta huelga y las que vendrán será superior al coste de un acuerdo de derogación de la medida. La huelga general es pues la factura que imponen el Estado y la patronal a la sociedad con sus actuaciones antisociales.

 

Es evidente por otra parte que secundar una huelga representa una serie de sacrificios para los trabajadores, aún cuando estos son diferentes de los que ponen de relieve los empresarios y los políticos referidos al “interés general”. Por ello, la decisión de convocar una huelga es siempre una apuesta. Cabe preguntarse si es posible evaluar el efecto que puede tener una contrarreforma que facilita el despido y el descuelgue salarial, con la debilitación que esto conlleva de la organización obrera, con una posible bajada salarial futura, y compararlo con la pérdida de salarios que causa la huelga (¿50, 100 euros?). No hay manera de comparar la pérdida de dinero en salarios con la mejora de la relación de fuerzas en el centro de trabajo o en la sociedad tras una huelga contundente y los beneficios cotidianos que produce esta nueva situación. Es necesario evidenciar la conflictividad latente para dejar claro a los empresarios y a los poderes estatales que vamos en serio.

 

Por una estrategia de huelga: hay que parar los sectores estratégicos por todos los medios necesarios

 

Los y las trabajadoras tenemos el poder de parar la economía. Tenemos además la posiblidad de hacerlo con inteligencia para que nos suponga mucho menor coste que a la patronal y al Estado. Es evidente que sin un incremento de la conflictividad social no van a parar. Por su parte la burocracia sindical de CCOO y UGT adoptan una estrategia de desgaste del propio movimiento obrero: hacer huelgas puntuales con impacto localizado y poco efectivo -sector público-, pactar reformas que deslegitiman el sindicalismo ante la población, vuelta a convocar huelgas puntuales, etc.

 

Es necesario adoptar una estrategia colectiva de huelga centrada en los sectores y subsectores estratégicos de la economía. Estos són principalmente energía, telecomunicaciones, finanzas y transportes. La energía ya sea petróleo, gas o electricidad es fundamental para el funcionamiento de la economía. Sin ella el sistema capitalista español se bloquea. De la misma forma las telecomunicaciones suponen hoy en dia una palanca funamental de la economia por funcionar la mayor parte de empresas y administraciones con sistemas informaticos e internet. A su vez las finanzas representan el flujo de aceite principal que engrasa el sistema productivo. Sin tener operativos los sistemas bancarios la economia se para. Por ultimo los transportes sirven para la mobilidad de personas y mercancias por lo que con un paro también en este sector supone una caída importante de la producción. Una huelga de varios dias coordinada en estos sectores puede suponer una claudicación del gobierno a los intereses generales.

 

La huelga general como primer paso a la autogestión

 

La patronal y los gobiernos -español y europeo- están utilizando todas sus armas, con una violencia estructural sin precedentes y personificada contra las clases trabajadoras y los más débiles de la sociedad. Nadie puede negar la agresividad y violencia implícita al ejercicio del poder empresarial y político que ampara la legislación del Estado. Esto es así tanto en un despido que supone paro y riesgo de pobreza para que las empresas tengan más beneficios, en el recorte de subsidios de desempleo o pensiones, pagadas previamente por los asalariados, o en que los bancos nos quiten las viviendas mientras por otra parte reciben el apoyo financiero del Estado y los políticos continuan impunes de sus actuaciones corruptas y de robo de recursos públicos. Ante esta agresión y violencia no está habiendo una respuesta al mismo nivel, y ello provoca que no retrocedan en sus pretensiones. La huelga general es un primer paso.

 

Ademas, en el actual contexto de reestructuraciones, empresas y administraciones en crisis, apoyar la implementación de una política sindical de lucha total contra los depidos y recortes es fundamental. En este campo es precisamente donde el anarcosindicalismo tiene uno de sus mejores activos para establecer esa imprescindible conexión entre reivindicación y autogestión. Las negociaciones sobre el empeoramiento de las condiciones de trabajo o despidos masivos se pueden plantear en términos amplios de viabilidad económica -también social-, control obrero-sindical para los servicios públicos, y si hace falta de expropiación o recuperación de los medios de producción con cooperativización autogestionada. Esto se puede resumir en la frase “si no nos podemos emplear todas ya nos repartiremos nosotras el trabajo”. Los empresarios y los políticos ya se pueden ir preparando porqué vamos a por sus privilegios, a por los medios de producción, distribución y bienestar colectivo.

 

Hay que devolver golpe por golpe y nuestros golpes deben ser más duros.

 

Sólo el pueblo salva el pueblo.

 

A por la Huelga General.

Artículo publicado también en Periódico cnt, nº393 octubre 2012. ISSN 1135-173X. pp. 6-7

¿Por qué esa ruptura entre la investigación económica actual y la formación de las políticas económicas ? El papel de los economistas como sacerdotes, ingenieros o activistas desde una perspectiva radical

Reprodueixo a continuación una ponència presentada a les VIII Jornades d’Economia Crítica de Valladolid (2002). L’autor fa un resum dels principals elements que caracteritzen l’escola d’Economía Política Radical, nascuda als Estats Units al calor de les lluites socials i pels drets civil els anys de 1960.
Guillermo Nadal Bover,
(Universidad de las Islas Baleares)
En 1968 un grupo de jóvenes profesores proponía una alternativa a los cursos estándar del departamento de económicas de Harvard, el nuevo curso llevaba por título “La economía capitalista: conflicto y poder”, y fue introducido en el programa de cursos de la licenciatura en el año académico de 1968-69. El curso acabó siendo un libro que acabó siendo un paradigma…
Sus orígenes se encontraban en el movimiento político radical. Las luchas políticas por los derechos civiles y contra la guerra de Vietnam, y el consiguiente crecimiento de un amplio movimiento radical de oposición al imperialismo, el racismo, la desigualdad y otras formas de opresión social asociadas al capitalismo, fueron la escuela que educó a Samuel Bowles y a otros jóvenes amigos suyos, motivándoles al estudio de la estructura económica y política de su sociedad. Estimulados por el movimiento muchos estudiantes comenzaron a demandar a las universidades cursos de “economía radical” que no les enseñaran solamente a saber gestionar el orden establecido, sino a saber comprenderlo y contribuir a transformarlo (Edwards y McEwan 1970). Samuel Bowles y los que serían en poco tiempo sus más íntimos colaboradores como Herbert Gintis, Thomas Weisskopf, Richard Edwards, Michael Reich y David Gordon, se encontraban al mismo tiempo estudiando los cursos de doctorado y participando en las luchas del momento contra el racismo, la pobreza y la guerra de Vietnam
“Éste fue quizá el período más fragmentado de nuestras vidas: nos encontrábamos estudiando una disciplina muy bien establecida y sofisticada, pero éramos cada vez más conscientes de su inadecuación. No solamente negaba o simplemente ignoraba la mayoría de nuestras preocupaciones políticas, sino algo peor, pues constituía un sistema de creencias que justificaba al estatus quo defendiendo al sistema capitalista” (Edwards, Reich y Weisskopf 1972, ix)
Esta época tan agitada contrasta con la homogénea doctrina económica dominante que se enseñaba en todas las principales universidades, basada en la optimización individual y la teoría del equilibrio general en el ámbito de la microeconomía (con el libro de texto de Henderson y Quandt), en el trío Keynes-Samuelson-Solow para el ámbito macroeconómico (con el libro de texto de Gardner Ackley) y en Musgrave-Samuelson con su análisis del papel más adecuado al gobierno en la “economía mixta”. La economía se convertía en una disciplina cada vez más técnica y matemática, pero parecía cada vez más irrelevante para el mundo real.
En esta situación, con los mejores y más brillantes economistas liberales apoyando la guerra de Vietnam, un grupo de economistas de la nueva izquierda comenzaron a crear un nuevo enfoque: la economía política radical. El primer objetivo de estos economistas fue el de mostrar la relación interna entre las múltiples formas de opresión que veían a su alrededor y la profesión económica y sus doctrinas, ofreciendo a estos distintos movimientos, así como a los trabajadores, un análisis que contenía una perspectiva política: las diferentes formas de opresión tenían raíces comunes, la opresión social se encontraba enraizada en las instituciones económicas y políticas básicas de la sociedad capitalista. En lugar de considerar a sus distintos intereses en conflicto unos con otros, argumentaron que una coalición de todos ellos alrededor de la idea de la democracia económica los haría avanzar a todos juntos.
Desde hace tres décadas la economía política radical se ha distinguido por su tratamiento de lo que podrían denominarse las tres dimensiones de la economía: la dimensión horizontal de la competencia, la dimensión vertical del autoritarismo y la dimensión temporal del cambio. El modelo radical se aleja del modelo neoclásico no solamente por su mayor énfasis en las dimensiones del autoritarismo y el cambio propias de la vida económica, sino también en la concepción teórica de cada una de las tres dimensiones. El resultado es una perspectiva teórica que sostiene conclusiones normativas muy diferentes a la economía neoclásica y un programa de investigación econométrico e histórico que ha conducido a muchos economistas radicales hacia nuevas áreas de investigación.
Una matización antes de comenzar. Las palabras “economía”, “sociología”, “historia”, “ciencia política” y otras, no son categorías radicales. Por ejemplo, Samuel Bowles es un economista radical en el sentido institucional con que se le define de acuerdo a la ciencia social liberal. Muchos de los estudios que emprenderán Bowles yotros, así como muchos de los trabajos que más les influirán no se esforzarán mucho en permanecer dentro de las fronteras tradicionales de la “economía”.
El paradigma radical se empeñará en una actividad de repensar la estructura de la teoría económica y su relación con estudios empíricos y disciplinas limítrofes, proporcionando a la teoría económica una porosidad y una ligazón interdisciplinaria más parecida a la biología y a la geología que a la física y a las matemáticas.
Consecuente con esa porosidad el progreso y la idea de lo relevante en teoría económica demandan una relación simbiótica con la historia económica, con los estudios experimentales, con los tests econométricos, áreas de estudio que se vuelven más importantes cuando se ponen en cuestión los primeros principios axiomáticos. De este modo el paradigma radical pretende expandir las fronteras disciplinarias de la economía hasta incluir, como en el siglo XIX, el estudio selectivo del derecho, la historia, la sociología, la psicología y la política.
El autoritarismo. El punto de partida más obvio en una discusión sobre economía política radical es la importancia dada a las relaciones de dominación, poder, subordinación y jerarquía, es decir, a lo que debería entenderse por autoritarismo. Dos motivaciones se hallan en la raíz de esta perspectiva: el compromiso democrático con la eliminación de formas de autoridad arbitrarias y opacas y un compromiso teórico con la idea de que la sociedad capitalista es sencillamente ininteligible quienes se abstraen de la cuestión del poder. Las primeras contribuciones a una economía política radical se centraron casi exclusivamente en las relaciones autoritarias en los mercados y dentro de las empresas dando lugar a una abundante literatura sobre lo que podría denominarse la estructura política de la empresa capitalista, la relación entre la tecnología y la jerarquía y la segmentación racial y de género de los mercados de trabajo.
La competencia. La atención prestada a las relaciones autoritarias significa una nueva visión acerca de cómo funcionan los mercados. De una importancia analítica y política especial, por supuesto, es la cuestión del desempleo y el carácter segmentado de los mercados de trabajo, y también la relación entre las empresas del núcleo de la economía y las empresas periféricas. En los últimos años, los economistas radicales han abordado la cuestión de los mercados de crédito, intentando comprender por qué es que la riqueza confiere poder en una economía altamente competitiva y por qué los trabajadores (y muchos otros individuos) sufren con frecuencia un racionamiento del crédito. Desde la perspectiva radical se descubre que los mercados, incluso los más competitivos, no son contrarios a las relaciones autoritarias, sino complementarios.
En el modelo radical el “equilibrio” no se considera único y las presiones para alcanzar el equilibrio son contrarrestadas con frecuencia por tendencias que empujan al desequilibrio. En los modelos radicales de competencia dinámica estas presiones hacia el desequilibrio son consideradas como una tendencia hacia el “desarrollo desigual”, cuyo fundamento se encuentra estructuralmente determinado por las desigualdades en el acceso al crédito, a la información y al poder político, dando lugar a la desproporcionada capacidad de algunos grupos de beneficiarse de una situación de desequilibrio de mercado.
De este modo, en la economía política radical, los mercados parecen más bien campos de batalla de agentes económicos contendientes que la pizarra sobre la cual se dibujan los precios y las cantidades únicamente determinadas a través de la interacción de preferencias ya dadas, tecnologías y adquisiciones. Esta perspectiva tiene una aplicación inmediata a los mercados de bienes y al análisis de las empresas y a las interacciones entre las empresas y el gobierno, tanto en el ámbito nacional como internacional.
El cambio. Los economistas radicales se han centrado en el análisis de un conjunto de instituciones concretas, las del capitalismo actual, y en la evolución de estas instituciones en el tiempo. Las particularidades institucionales de una época son consideradas como características esenciales de su evolución histórica, no como variaciones superficiales de un modelo inmutable subyacente. Esta perspectiva ha dado lugar a la idea de estructura social de acumulación, referida a las reglas del juego que regulan la generación de los beneficios y el proceso de inversión, desde las relaciones laborales y el orden monetario internacional hasta las políticas impositivas y la estructura de las instituciones educativas.
El tiempo histórico parte de una idea del cambio económico que reemplaza la dicotomía exógeno / endógeno del análisis estático comparativo por un modelo alternativo del cambio basado en la interacción entre acción y sistema o, en un lenguaje más tradicional, de práctica y estructura. Por sistema o estructura se entiende cualquier conjunto de reglas del juego que imparten regularidad a las acciones y sus efectos. Por acción o práctica se entiende cualquier proyecto intencional, sea individual o colectivo, estructurado por estas reglas del juego. De acuerdo con esta perspectiva, el cambio en los sistemas económicos tiene lugar a través de los efectos de las estructuras a la hora de limitar las acciones y formar a los agentes y el efecto recíproco de los agentes a la hora de consolidar o transformar los sistemas.
La creciente insatisfacción con los modelos económicos basados en la física y el reconocimiento de la verdadera complejidad de modelar las interacciones de las personas reales en una sociedad, en lugar de confiarse al supuesto comportamiento del Homo Economicus en unos mercados abstractos, ha promovido la vuelta al estudio fundamentado teóricamente pero concreto de las instituciones como son, en busca no del mayor nivel de generalidad, sino de respuestas históricamente contingentes a cuestiones acerca de cómo orientar la economía hacia la justicia, el bienestar y la libertad.
El paradigma radical se basa en la puesta en duda de la distinción exógeno / endógeno en el estudio de cada una de las tres dimensiones de la economía.
Remendando a Heródoto un economista radical diría que “no hay nada exógeno bajo el sol”. Las distinciones entre lo económico y lo no económico no tienen sentido en una teoría que pretende crear un modelo tanto económico como político y cultural de la economía capitalista. Sin embargo, el economicismo de las formulaciones clásicas de la economía convencional se manifiesta tanto en su tratamiento economicista de la economía como en el análisis de la articulación de la economía con otras instancias de la formación social.
Además, la distinción entre ámbitos exógenos y endógenos es inherente a los economistas neoclásicos no sólo por su utilidad como mecanismo simplificador, sino por el servicio que presta en la justificación o administración del orden capitalista.
Los economistas neoclásicos no solamente son seres académicos, sino que también como otros intelectuales son, fuera de las universidades, actores sociales. Algunos están empeñados en la defensa ideológica popular de la economía capitalista, otros, a través de cargos en el gobierno o desde otras alturas, trabajan en la gestión de la economía capitalista. Sin querer menospreciar ninguna de estas ocupaciones, Bowles denomina a los primeros sacerdotes neoclásicos y a los segundos ingenieros neoclásicos.
Los sacerdotes invocan la distinción exógeno / endógeno para desviar la crítica a la injusticia económica, a la inseguridad, a la dictadura en muchos lugares de trabajo, y del trabajo alienado, apartando estos problemas del horizonte de la economía y señalando que su origen se encuentra en las variables exógenas del modelo neoclásico: las preferencias individuales, la tecnología, los recursos naturales, y la distribución de los títulos de propiedad. Su razonamiento es impecable y si uno acepta el modelo del equilibrio general e imagina que sus soluciones son únicas, deberá asociar cualquier resultado económico desagradable a alguna que otra de las variables exógenas que hemos mencionado. La consecuencia de este tour de force ideológico es que la crítica del capitalismo se convierte en un lamento contra la naturaleza, bien sea de la naturaleza humana, que subyace a las preferencias individuales, o del mundo natural, que limita y posibilita nuestro nivel tecnológico. Solamente la distribución de los títulos de propiedad es un resultado social, pero este determinante de los resultados económicos depende, se dice, de la soberanía del estado democrático liberal y deriva, en última instancia, de las preferencias expresadas por los votantes.
Los ingenieros neoclásicos tienen objetivos mucho más prácticos. Su misión consiste en el despliegue de modelos económicos, teorías del capital humano, tablas de inputs y outputs y otras herramientas que sirvan para guiar tanto las políticas del gobierno como la de las empresas de la manera más inteligente. A diferencia de los sacerdotes que usan la distinción exógeno / endógeno para alejar la responsabilidad de los resultados desagradables, los ingenieros usan la distinción para considerar las formas de intervención desde el estado o desde las empresas que deben usarse para corregir las deficiencias económicas. Para los ingenieros son las variables exógenas los instrumentos políticos legítimos que ellos, o aquellos a los que aconsejan, controlan. Un modelo macroeconómico típico de un ingeniero incluirá como parámetros exógenamente determinados la tasa impositiva a los beneficios de las empresas y el nivel de gasto público de un gobierno, vistos como los instrumentos políticos que uno puede manipular con el fin de lograr un crecimiento económico estable o cualquier otro objetivo social deseable. Las variables endógenas como pueden ser el nivel de inversión o la demanda de consumo apuntan a esos fenómenos que escapan a la manipulación directa de los políticos y de estos “consejeros de príncipes” que son los ingenieros neoclásicos.
En el caso de los profesores de economía radical, una fuerte motivación moral y cierta marginalidad social acaban produciendo un papel social diferente: el del crítico y el activista. Para el crítico la distinción exógeno / endógeno no tiene más sentido que el de una simplificación escolar. Sin embargo, para el activista la cuestión es un poco más compleja. Los activistas políticos se interesan por los efectos de las intervenciones colectivas, engendradas por sindicatos, movimientos revolucionarios, organizaciones feministas o grupos medioambientales.
El economista radical activista no cuenta normalmente con la privilegiada situación del ingeniero neoclásico, quien teniendo cerca el oído de los poderosos puede diseñar modelos que probablemente acabarán implementándose. En cambio, el activista debe tratar de comprender no solamente los efectos de una intervención dentro de una estructura establecida, sino también la capacidad de estas intervenciones de fortalecer las posibilidades de un cambio estructural. De este modo, los parámetros estructurales con frecuencia considerados como los “datos” últimos en el modelo neoclásico constituyen precisamente el objeto de análisis y de movilización para el activista. Las relaciones estructurales que son consideradas exógenas por los teóricos neoclásicos para los radicales son endógenas.
La vida y la obra de David Gordon ejemplifican esta idea del economista radical y activista aunque también la más refinada tradición del intelectual público: abordando las cuestiones sociales más importantes, contribuyendo a comprenderlas y encontrando el camino para difundir sus ideas no solamente entre sus colegas profesionales, sino también entre público en general. Su firme compromiso tanto con el rigor académico como con la justicia social inspiró a toda una generación de estudiantes e intelectuales progresistas a dirigir su trabajo en economía hacia la tarea de construir una sociedad mejor. La influencia de David Gordon será manifiesta en la vida y obra de muchos economistas radicales. Con su desaparición todavía reciente vale la pena recordar algunos momentos de la vida de David Gordon y cómo algunos autores, especialmente un íntimo amigo como Samuel Bowles, continúan su legado.
David Gordon venía de una familia de prestigiosos economistas. Durante su primer año como estudiante en Harvard albergaba grandes ambiciones de llegar a ser un brillante abogado que acabara elegido para ocupar algún cargo político de altura. Muchos de sus compañeros y amigos subían rápido en la espuma del “establishment” de los EEUU, pero Gordon iba a convertirse en un crítico de las escaleras del privilegio que una vez soñó con subir. Después de seguir la disciplina de la economía convencional durante la licenciatura, Gordon se entregó a la creación de instituciones alternativas, apoyando la creación de departamentos de economía radical y creando programas que extendieran ideas “progresivas”1 más allá de la academia. Fue un miembro activo de la Union for Radical Political Economics, fundó y dirigió el Instituto de Investigación y Educación Laboral en Nueva York, más tarde sería el Centro de Alternativas democráticas, y poco antes de su muerte la New School Center for Economic Policy Analysis. Gordon escribía poco antes de morir que “Las cuestiones y los compromisos políticos progresivos han configurado de manera persistente e insistentemente las cuestiones que me he preguntado y los problemas que he explorado a través del análisis económico” (1997, citado en Bowles y Weisskopf, 1998, xviii)
Gordon consideraba que la sabiduría económica convencional con demasiada frecuencia se alineaba con la preservación de un status quo económico muy desigual e injusto y opuesto a los intereses de los trabajadores y ciudadanos de a pie. En 1994 constataba con pesadumbre que a pesar de que los resultados de la investigación económica actual hayan evolucionado tanto y recomienden precaución y prudencia contra los remedios simplistas propios del laissez faire -como muestran la nueva teoría del crecimiento, la nueva teoría del comercio internacional o la literatura actual sobre el mercado de trabajo- las afirmaciones de los economistas, especialmente de aquellos con un mayor papel público y político, traicionen estas nuevas perspectivas, amarrándose todavía al dogma del mercado libre. ¿Qué es lo que explica esta ruptura actual entre una práctica investigadora cada vez más heterogénea y crítica, incluso dentro de la economía convencional, y el discurso dominante en política económica?
Las nuevas aportaciones de Krugman, Solow, Freeman y otros muchos no son filtradas hacia la práctica de la política económica debido a muchas causas. Los “think tanks” y los institutos políticos continúan desempeñando un papel central en la difusión de ideas sobre la política económica, y con independencia de su rigor intelectual acaban inclinando la política hacia la derecha o centro derecha. Los medios de comunicación tratan normalmente las cuestiones económicas con un sesgo proempresarial. La influencia pública de los políticos también es muy importante, éstos tienden en muchas ocasiones a ver las opciones de la política económica con los mismo ojos de las grandes empresas. El mundo simplificado de muchos de los libros de texto que forman a los futuros economistas, así como un excesivo formalismo, retórica e ideología en la enseñanza junto a las salidas profesionales habituales de los estudiantes que finalizan la carrera, acaban de componer el cuadro de la discrepancia entre los avances científicos en el terreno económico y el conservadurismo político, entre la heterogeneidad de las perspectivas actuales y el monolitismo del discurso dominante en cuanto a las políticas económicas que pertenecen al “mundo de lo posible”.
David Gordon (1994) concluía señalando algunas de las áreas de investigación clave con una mayor relevancia para los problemas políticos actuales, invitando a compartir lo mejor que puedan dar los investigadores económicos actuales con el fin de evaluar las implicaciones de los nuevos descubrimientos y derivar sus implicaciones potenciales para la política. Las áreas en las que, en primera instancia, sería razonable concentrarse deberían incluir los problemas que resultan de la interacción entre la igualdad y el funcionamiento macroeconómico; la viabilidad y los efectos potenciales de formas institucionales de gobierno alternativas (con respecto al estado, el mercado y la comunidad) como puede ser la participación en el lugar de trabajo; la regulación medioambiental a escala global; la igualdad de raza y género; y el abanico de posibles instrumentos alternativos para lograr la estabilidad económica internacional, el crecimiento coordinado y acuerdos comerciales cooperativos. Se podrían establecer grupos de trabajo en cada área, desarrollar congresos que evaluaran e hicieran avanzar las discusiones y crear los mecanismos más adecuados para su diseminación entre los políticos y medios de comunicación hasta que llegaran a influir en los términos del debate sobre la política económica…
En una entrevista en 1992 resumía David Gordon su carrera profesional de este modo
“Mis preocupaciones como economista político se han concentrado en la contribución a la creación de un marco analítico coherente para la izquierda dentro de la economía y en ayudar a la formación de un movimiento político progresivo en los Estados Unidos. Me siento satisfecho con las elecciones que he hecho y con el trabajo que junto a mis colaboradores hemos producido; frustrado por la complacencia condescendiente de los economistas más convencionales; furioso por la codicia y la irracionalidad que domina la política económica de los Estados Unidos; y todavía esperanzado por la perspectiva de una movilización progresiva hacia una sociedad más justa y humana a medida que nos encaminamos hacia el siglo XXI”(citado en Bowles y Weisskopf, 1998)
La obra de quien podemos considerar como el más importante economista radical en la actualidad, Samuel Bowles, íntimo amigo y colaborador de David Gordon, forma parte del legado de Gordon y también se encuentra profundamente inspirada por el compromiso con la progresiva extensión de la capacidad de la gente de gobernar sus vidas personales y su historia social colectiva. La realización de este compromiso requiere para Samuel Bowles el establecimiento de un orden social democrático que reemplace las instituciones centrales de la economía capitalista. El capitalismo y la democracia en lugar de ser dos formas de gobierno complementarias representan más bien reglas de juego contrapuestas para la regulación del proceso de desarrollo humano y la evolución histórica de las sociedades en general. Una basada en la preeminencia del privilegio económico basado en los derechos de propiedad y la otra en la prioridad de la libertad y el control democrático basado en el ejercicio de los derechos personales. El compromiso con la democracia de Bowles es la afirmación de una visión de la sociedad en que la soberanía popular gobierne tanto el proceso de desarrollo humano como la historia. La democracia, y no la interacción de los derechos de propiedad, debe proporcionar el principio fundamental de ordenamiento de los procesos a través de los cuales llegamos a ser lo que somos, y por medio de los cuales son continuamente renovadas y transformadas las reglas que regulan nuestras vidas. La revisión de la teoría de la democracia de Bowles así como su lectura de la trayectoria conflictiva de la democracia y el capitalismo en estos últimos dos siglos comprometen a Bowles no con una utopía democrática, sino con un amplio proyecto histórico que haga justicia a la radical, aunque hasta ahora frustrada, promesa de la democracia.
Nota:
1 Traduzco “progressive” por progresivo para dar cuenta de su doble sentido inglés empleado por los radicales. “Progressive” es todo lo que es progresista pero que al mismo tiempo inicia una dinámica de radicalización progresiva hacia una transformación estructural. Aprovecho este espacio para mencionar el libro inteligente y sencillo de Alfons Barceló (1998), Economía Política Radical, Síntesis, Madrid.
Bibliografía:
-Barceló Alfons, Economía política radical, Síntesis, Madrid
-Bowles, S. y Weisskopf, Th. (eds) (1998) Economics and Social Justice. Essays on Power, Labor and Institutional Change, Edward Elgard, UK
-Gordon, D. (1994) “Twixt the Cup and the Lip: Mainstream Economics and the Formation of Economic Policy”, Social Research, 61 (1), primavera, 1-33
-Edwards, R., McEwan, A. et al. (1970) “A Radical Approach to Economics”, American Economic Review, 60 (2), mayo, 352-63.
-Edwards, R., Reich, M, Weisskopf, Th. (1972) The Capitalist System. A Radical Analysis of American Society, Prentice-Hall, New Yersey

La crisis económica en el estado español: análisis desde una perspectiva libertaria

Aporto a continuació l’article que vam publicar al nº1 de Estudios. Revista de Pensamiento Libertario de 2011.

La crisis económica en el estado español: análisis desde una perspectiva libertaria

José Luis Carretero, Gaspar Fuster, Lluís Rodríguez, Endika Alabort y José Manuel Ortiz.
Coordinador: Endika Alabort
Miembros del Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión. info@iceautogestion.org 

Resumen:

La actual crisis económica se ha ido profundizando en el territorio español desde que comenzara la crisis financiera mundial en verano de 2007. Las características que ha ido tomando han sido cada vez más complejas a la vez que se ha ido profundizando, una vez que las instituciones han dejado de lado que era una situación excepcional y de corta duración. Este artículo hace un repaso general a los orígenes de la crisis (tanto a nivel mundial como en el estado español) sin olvidar que hay una gran cantidad de factores detrás de la misma. Las otras tres cuestiones que se desarrollan son, por un lado, las claves para entender mejor la situación actual (haciendo hincapié en el modelo sindical), por otro, el papel del Estado y, por último, un breve análisis de las medidas llevadas a cabo estos últimos años de crisis. Con todo esto se pretende poder clarifi car qué está ocurriendo actualmente desde un punto de vista económico de base libertario, en un momento en el que las políticas de claro corte neoliberal se están generalizando y agudizando aún más.

Palabras Clave:
Crecimiento económico, crisis económica y financiera, déficit y deuda pública, economía española, sistemas económicos, reformas estructurales.

Parecon y autogestión. Entrevista con Michael Albert

Reprodueixo a continuació l’entrevista que es va publicar al Periòdic cnt nº 383 de noviembre de 2011 y nº384 de diciembre de 2011. Es pot descarregar l’entrevista en format imprimible a la Revista Iberoamericana de Autogestión y Acción Comunal.

Parecon y autogestión. Entrevista con Michael Albert

 

El pasado 13 de octubre se celebró en Barcelona la conferencia debate titulada “Parecon: la vida después del capitalismo”, a la que asistió como ponente Michael Albert. Tuvimos la oportunidad de poder hacerle una entrevista via mail previa a su llegada de la cual, por razones de espacio, sólo hemos publicado en la sección de economía del Periódico CNT una selección de todas las preguntas. En las siguientes líneas se puede leer la versión íntegra de la entrevista.

Preguntas: Redacción de Economía. Traducción: Victor Méndez y Jon Las Heras. Para contactar con la sección: economia@periodico.cnt.es
En la historia existen pocos autores anarquistas que se hayan dedicado a analizar los aspectos económicos de la sociedad. ¿Cuáles crees que han sido las aportaciones más relevantes de los anarquistas al pensamiento económico?
Creo que la principal contribución de los anarquistas a la economía, es su deseo de reducir la jerarquía al mínimo y en su lugar, aumentar la participación consciente y la autogestión. Estos objetivos deberían guiar cualquier pensamiento razonable sobre la economía, o sobre cualquier otro fenómeno social.
Otra contribución anarquista ha sido su atención al papel de la división entre clases no derivada de la propiedad. Bakunin y otros fueron fundamentales, creo, para ayudar a comprender que una división del trabajo que otorga a una minoría un monopolio laboral transmisor de influencia, habilidades sociales, iniciativa y confianza, en tanto que la mayoría solo realiza un trabajo sin alicientes que requiere mayormente obediencia a la vez que la disminución de las habilidades sociales y la confianza en uno mismo, hace que el primer grupo, que llamo la clase coordinadora, domine al segundo, la clase trabajadora. Para entender los intereses de clase como una fuerza motriz en el cambio económico se requiere que uno destaque no solo dos clases – capitalista y trabajadora – sino tres, capitalista, trabajadora, y, entre ellas, la clase coordinadora, no menos porque los coordinadores pueden convertirse en la clase dominante en lo que ha sido llamado socialismo de mercado o de planificación central, pero que debería haber sido llamado coordinarismo.
Finalmente, creo que el trabajo de Kropotkin sobre el apoyo mutuo y también con respecto a las virtudes intrínsecas del trabajo, puede ayudarnos a comprender cómo los mercados atacan a lo social así como el mecanismo de distribución alternativo necesario para fomentar, en su lugar, el apoyo mutuo. Es asimismo útil para entender el impacto de las divisiones del trabajo contemporáneo y esclarecer qué se requerirá para tener relaciones económicas equitativas e incentivos económicos razonables.